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jueves, 30 de marzo de 2017

INTUICION

La felicidad tiene un nombre: vacaciones. Estábamos todos nerviosos y la alegría nos desbordaba. Maletas por aquí y pelotas por allá, botines y juegos. Lo que es preparar unas vacaciones con hijos y pequeños para más complicación. Habíamos alquilado una casita en las afueras de un pueblecito costero. No había casas cerca por lo que para nosotros eso era muy cómodo ya que mis cuatro hijos juegan y alborotan y no me gustaría que molestaran a los vecinos. Por eso esa casita nos resultó ideal. Hablamos con los señores y nos pareció todo perfecto. Era un matrimonio mayor que alquilaba esa casita en épocas de vacaciones. Yo llevaba un año muy estresada, ya que soy una mujer que presiente cosas. Nadie me comprende, pero cuándo algo malo va a suceder...yo lo presiento e incluso la noche anterior lo sueño. Y este año había presentido demasiadas cosas y me encontraba mentalmente agotada. Y si a eso le sumamos mis dos preciosidades de niños...estaba exhausta.

Nos montamos todos en el coche y emprendimos la marcha. Eran bastantes horas de viaje pero como los niños iban muy contentos nada nos importaba. El viaje se hizo ameno y entretenido. Cuando llegamos nos estaba esperando un matrimonio mayor con un candelabro como única luz. Los niños gritaron que les daban miedo y que ellos no salían del coche, pero a mi me resultó muy entrañable ver a los dos abuelitos esperándonos a la luz del candelabro y la casa toda encendida. Se veían a través de las ventanas las cortinas en cada una de las habitaciones. Bajamos del coche y hablamos un ratito con ellos. Nos habían preparado la cena porque sabían que llegaríamos tarde, cosa que les agradecí mucho ya que no contaba con ello. Les dimos las gracias y mi marido se quedó un rato hablando con ellos mientras yo pasaba con los niños. Ya se respiraba ambiente de tranquilidad y paz. Los niños entraron a carreras en la casa y miraron todo en dos segundos. Yo dejé las bolsas y fui mirando poco a poco todo. Era una casita preciosa. La tenían muy bien decorada para ser un matrimonio mayor. En el salón había una pequeña chimenea decorada con un montón de fotos encima de los que debían de ser sus hijos. Había muchísimas fotos por todas partes. Tendrían que ser inquilinos que habían pasado los veranos con ellos. Mi marido entró y ya todos juntos celebramos las vacaciones con gritos de júbilo. Eran las primeras vacaciones todos en familia. De pronto se oyeron golpes en cada una de las ventanas y en la puerta. Nos levantamos alarmados y fuimos a una de las ventanas. Había barrotes y era como si se hubiese puesto algo delante de la ventana. Fuimos recorriendo una por una y a la puerta y lo mismo. No se podía salir. Nos habían encerrado dentro de la casa. ¿Pero...quién? ¿Los abuelitos cándidos y amorosos que nos esperaban a la luz del candil? Nos sentamos en la mesa horrorizados. Era imposible lo que nos estaba ocurriendo.

Decidimos esperar al día siguiente, y nos acostamos. Los niños enseguida cayeron rendidos Cuándo ya dejamos de oírlos hablar, Comenzamos a abrir las ventanas y había metal en ellas. Era imposible quitarlo. Fuimos a la puerta y lo mismo. Había otra puerta de metal, anchada a la casa. Cuando llegamos era d noche por lo que solo vimos las ventanitas con las cortinas. Efectivamente así era. Pero... ¡los cándidos abuelos nos habían encerrado en una casa de hierro! Y esas fotografías no eran de familiares suyos, eran de matrimonios a los que les habían hecho lo mismo que a nosotros. Los habían encerrado y terminado con sus vidas. Golpeamos el metal hasta hacernos daño. Nuestras manos sangraban abundantemente. Estábamos aterrados. No teníamos escapatoria. ¡Eran unos locos degenerados y nos habían encerrado para disfrutar viéndonos morir!

De pronto oí a mi marido decirme

- Fíjate, dos personas mayores están esperándonos a la luz de un candil, como antaño.

Y fije mi viste en lo que él me decía. ¡Lo había soñado! Grité como una desesperada que diera vuelta. Mi marido dio un giro sabiendo que si yo le decía eso era por algo importante.


 Ese era el futuro que nos esperaba. Gracias a Dios, mi presentimiento nos hizo dar la vuelta.


La intuición es una facultad espiritual, y no explica, simplemente muestra el camino. Florence Scovel.


10 comentarios:

  1. Mi ser sufre ante sentires pavorosos
    Cariños

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  2. Te mantiene en tensión hasta el final. Muy buen relato.

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  3. Hola. Primero, la idea es más que buena, pero el final no está a la altura de la trayectoria de la historia, y te aseguro que hay posibilidades.
    Lo segundo, la distribución de las comas.
    Tercero y último, un consejo, que una tercera persona lea tu relato antes de exponerlo. Eso te ayudará a mejorar.
    Espero haberte sido útil.

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    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Claro que me eres útil!!!Intentaré fijarme más o buscar otro corrector!!!Ya digo que de escritora no tengo nada, pero me gusta escribír. Gracias Argán. Voy a leerte que creo que me riñes por otro lado!:(:(:(

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  5. Muchas felizidades megusto tu relato

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