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lunes, 20 de marzo de 2017

DIA DEL PADRE.TE EXTRAÑO

Ya va a hacer 17 mese  que te fuiste papa...
Y por aquí todo sigue igual...
Echándote de menos...
Cada día un poco más...

Mamá va a la peluquería,
Y les dice que la tienen que peinar...
Y dejarla lo más bonita...
Porque una cena tiene con un galán...
Su querido y amado marido...
Y es que de ti...
No se puede olvidar...
Para que engañarte...
A ratos nada  más...

La vida sigue sin ti papá...
Pero ya nada es igual...
Todo me parece triste...
Y eso que aún está mamá...
El día que ella se vaya...
No sé como lo voy a encajar...

Mamá a ratos ya no distingue la realidad...
Pero eso ya sabíamos que iba a pasar...
Quedó aquí una dura tarea...
Que su factura me va a pasar...
Si estas en alguna parte...
Haz una señal...
No paro de decírtelo...
Pero sigo pensando que tú no estas...
Esto se acabó y nada más…
Ni cielo ni infierno…
Ni nada que esperar…
Un vacio infinito…
Que nadie lo puede llenar….

Te extraño en el día del padre.

ME MUERO.




"Sé que estás ahí. Te presiento. Lo hago desde hace un tiempo...pero ya  me eres indiferente. Me cansé de centrar mi vida solo en ti. Todo giraba alrededor tuyo. Mi vida eras tú. Pero ya se terminó. Mi vida es mía y me pertenece hasta que Dios quiera y tú no vas a ser el eje sobre el que yo gire. Tú formarás parte de mi vida pero nada más. Eres negra y oscura, hueles a podredumbre...todos te temen...pero formas parte de nuestras vidas. Nacemos y morimos. Sé que me acechas...lo sé, pero no pienso rendirme. Te lo voy a poner complicado. Voy a vivir felizmente mientras pueda y se terminó el pensar en ti."

Andrés era una persona hipocondríaca a tratamiento muy fuerte. Siempre pensaba que las enfermedades peores y más mortíferas las tenía él. Vivía toda su vida con ese eterno miedo al vacio...a la muerte...al no saber...

Toda su vida a tratamientos....depresiones...llantos y miedos. Su vida se perdió en un camino lleno de sufrimientos y miserias.... Siempre se iba a morir y tenía una enfermedad incurable. Sufrió lo inimaginable. Todo giraba en torno a las enfermedades y la muerte. El centro de su vida eran sus enfermedades inexistentes.
 Se encerró en casa durante muchos años para no contagiarse de nada...se lavaba sus manos 30 veces al día, si salía lo hacía con mascarilla, para no contagiarse de ningún virus. Su existencia era un delirio. Su padre murió y no pudo acudir al hospital. Lloró de impotencia y rabia pero su enfermedad era más fuerte que él. Escuchó comentarios de sus hermanos hirientes por no acudir a despedirlo. Pero no podía. El miedo y el pánico lo sumían en la más profunda de las desesperaciones... Sus pulsaciones se aceleraban y toda una cadena de síntomas parecía atacar todo su cuerpo. Y...se paralizaba. Se quedaba a solas con su miedo. Y su vida se perdía en medio de ese sufrimiento constante, esas taquicardias permanentes y esos sudores imposibles de aguantar, llantos y más llantos y una vida vacía y llena de sufrimientos.

Hasta que llegó el día en que le dijeron que tenía una enfermedad terminal. Un mes como mucho.  Todo hubiese sido de otra forma si hubiese acudido antes al médico. No le habría pasado nada. Pero ahora ya era muy tarde, no tenía solución. El fin era irremediable.

Y Andrés....sintió alivio. ¡Por fin! Tantos años temiéndola...tantos años que parecía que la llamaba y ahora... ¡estaba ahí! El alivio se convirtió en tranquilidad. Nadie lo entendía pero él no buscaba ya el entendimiento de nadie. Buscaba su propia paz. Y por fin lo había conseguido. Ahora tenía ganas de vivir y de enfrentarse a la vida. Enfrentarse a sus miedos sabiendo que los tenía controlados porque...lo acechaban y lo buscaban. Y ahora sí que no tenía escapatoria. La certeza lo relajaba...el miedo había desaparecido y dado paso  a la hermosa vida que siempre había temido.

Vivió mes y medio y cada día fue intenso y lleno de paz. Hizo cosas que jamás pensó que fuera capaz de hacer. Vivió intensamente ese tiempo...sin miedo. Fue al cementerio a hablar con su padre, a decirle que se iba a ir con él y que lo perdonara. Fue al hospital a ver a un amigo, a la playa....a tomar el sol...ese sol cancerígeno y se bañó en esa agua infestada de plomo y porquería. Se sentó en terrazas a tomar un refresco sin limpiar el vaso ni agarrarlo con una servilleta. Se sentía feliz...muy feliz....a pesar de que su gran miedo lo acechaba. Pero estaba tranquilo. Quería vivir el tiempo que le correspondía lleno de paz y serenidad. Su miedo había desaparecido.

 – “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”. – Antonio Machado (1875-1939), poeta español


lunes, 13 de marzo de 2017

MI ACOSO ESCOLAR

"Anita contemplaba los cables y los aparatos que la rodeaban horrorizada. No comprendía como todo se le había escapado de las manos y terminado de esta manera. ¿Qué había ocurrido?  Miró a su alrededor y vio a sus padres hablando con el médico. Les sonrió. Papá y mamá tenían caras de preocupados ¡y no era para menos viendo como estaba ella rodeada de aparatejos médicos! Seguro que estaban asustados. Su sonrisa seguro que iba a evitar una bronca por lo que intentó llamarlos y lanzarles un gran beso. Pero se quedó todo en un intento. Tenía la cara hinchada y le dolía mucho un ojo. ¿Que diantres había ocurrido para que ella estuviera ahí en el hospital? No recordaba casi nada. Tenía que esforzarse y recordar antes de que llegaran papá y mamá y no tuviera respuesta. ¡Seguro que se había caído por algún terraplén queriendo escalar! Le gustaba mucho coger a su perro y marcharse los dos al monte que había cerca de casa. Ahí subía y bajaba y escalaba los árboles con Tizón, su gran y fiel amigo. De pronto...algo le vino a su pequeña cabecita y comenzó a recordar lo ocurrido. No....no había ido a escalar. No...No se había caído. Estaba así por sus compañeros de clase. Comenzó a recordar y a temblar. Alguno de los aparatos que tenía conectados comenzó a sonar y vinieron corriendo sus padres y él médico que allí estaba. Mamá acariaba mi mano y papá me daba besos. Tenía miedo. Mucho miedo. Recordó todo. Como le habían pateado la cabeza y la barriga. Como cuánto más le dolía y más se retorcía sus compañeros más gritaban que le pegaran más fuerte. Lloraba y balbuceaba que la dejaran ya, pero eran fieras  en manada. Y todo porque decían que era muy callada, que así la iban a espabilar. Espabilar no sé...pensó Anita pero llevarme al hospital sí.

Y pasé muchos días en el hospital. Y perdí la visión de mi ojo derecho y un riñón. Y mi vida ya nunca más seria la misma. Odiaba a esos niños y todo el mal que me habían provocado. Los expulsaron del colegio y ella ya no los veía allí. Pero si por la calle. Y lejos de escaparse  por el daño que le habían Hecho...se seguían riendo de ella. ¡Era como si tuvieran el demonio dentro! Eran realmente malos y crueles. Papá no la dejaba nunca ir sola a ninguna parte. Siempre iba en compañía de alguien. Era injusto... ¿porque era su vida la que había cambiado y la de ellos no? ¿Porque era ella la que tenía que sacrificar su vida y ellos seguían haciendo de las suyas? Mi hermano mayor estaba muy enfadado. Papá no lo dejaba salir conmigo porque decía que si los encontraba les iba a hacer lo mismo. Yo le decía que terminaría sin puños porque ¡eran seis los que me habían pateado!

Habían pasado ya tres meses del ataque cuándo mi hermano me metió en la habitación y cerró la puerta. Me interrogó durante mucho tiempo hasta saber cómo era cada uno de los seis atacantes. Osea...de los seis niños. ¡Eran niños igual que yo! Pero su comportamiento era salvaje. Y parecía que mi hermano tenía ideado un plan. Solo le hacía falta que un día papá le dijera que me llevara él al colegio.

Y ese día llegó. Papa estaba enfermo con gripe y le pidió a mi hermano que me llevara al colegio que él tenía mucha fiebre. Y Diego se vistió y me dio la mano fuertemente.

Los vimos de lejos y venían los seis juntos. Como siempre. Se iban acercando y riéndose. Pero ya no me tocaban. Solo se reían de mí y se mofaban. Cuándo pasaron a nuestro lado Diego le metió la zancadilla a Pedro. Pedro era el jefe del grupo, por definirlo de alguna forma. Cuándo se vio tirado en el suelo comiendo el polvo arrancó en gritos salvajes. Pero mi hermano era mayor y más listo. Lo agarró por la chaqueta y le dijo bajito:

- Atrévete conmigo canijo. Si la vuelves a tocar o a reírte de ella acuérdate de mí.

Pedro lo miró y se rio y cuándo mi hermano se dio la vuelta, le dio una patada en toda la pierna. Diego se dobló dolorido y gritó:

- ¡Tizón ataca!

Tizón estaba sentado donde lo habíamos dejado. Era muy obediente. Y al grito de mi hermano vino corriendo a morder a mis antiguos compañeros. Les rompió los pantalones a todos porque con Tizón sí que no podían! Y tizón daba vueltas y mordía a unos y a otros mientras empezaban a correr llorando. Unos cojeaban...otros se subían los pantalones...a otros les sangraba levemente una mano...mientras mis compañeros de clase...habían hecho un corro alrededor nuestras y se reían sin cesar.

Ahí se terminó la historia de mi bulling. Tizón y mi hermano me habían salvado. Nunca os dejéis pegar por nadie. Todos somos iguales y no merecemos que nadie nos levante la mano. Buscar soluciones...hablar con los mayores...ellos sabrán buscar las salidas para estas actitudes salvajes. Hoy ya tengo 17 años y aquello lo recuerdo como algo lejano. Pero mi ojo...me sigue recordando que salvajes los hay en todas partes y que la mejor solución es atajarlo a tiempo. Y...cómo? Hablando con nuestros padres. Ellos sabrán que hacer."


Dedicado a todos los que estáis sufriendo acoso escolar o cualquier otro tipo de acoso. Nunca os rindáis. Nunca tiréis la toalla ante una pandilla de cobardes que lo único que les divierte es hacer el mal. Confiar en vuestros padres. Nunca os lo calléis. Los padres merecemos saber del sufrimiento de nuestros hijos y ponerles remedio. Confiar en nosotros...os ayudaremos.

lunes, 20 de febrero de 2017

YO ME CONFIESO

"Yo, Emérico, me confieso de que, nunca fui un buen hombre. Confieso que algunos de los mandamientos no los cumplí en mi triste vida. Robe muchas veces. Lo admito. Robé para darles de comer a los míos. Robé por necesidad. Los pobres también tenemos hambre y mis hijos tenían mucha. Cuando pasas días y días sin nada que llevar a la boca...el estómago cruje y te duelen las entrañas...y miras a tus hijos y piensas que están pasando lo mismo...haces lo que sea menester. Y yo lo hice muchas veces, lo admito. Pero también es cierto que cuándo trabajaba nunca lo hacía. ¿Eso es pecado? Espero ser perdonado por ello.

También confieso que no acudo a la Iglesia con mi mujer y que cuándo la furia me invade, el nombre de Dios y de todos los santos son motivo de mi ira. No es justificarme, pero...entiendo que alguien tiene que hacerse responsable de mis fracasos.

Padre, también confieso que me acosté con muchas mujeres en mi vida. Mi mujer lo sabía y lo aceptaba. Sabía de mi fuerte personalidad y habilidad para conquistarlas. Las mujeres siempre fueron mi punto flaco. Cada una es hermosa a su manera y todas me hacían feliz. Fui un hombre afortunado en amores, y disfruté mucho con ellas. También tengo que decirle Padre que mi esposa es trigo limpio. De lo mejorcito. Es una mujer pulcra y aseada. Apañada con los dineros y buena madre. Y hasta hoy...buena esposa.

La maté. La maté porque era mía. Ciertas cosas no se comparten ¿usted me entiende Padre? Ahora por su culpa mis hijos se quedaran sin madre, pero fue su culpa. Tonteaba con Lupicinio. Yo hoy los vi con mis propios ojos. Llegaba con el rebaño y los vi hablando en el comedero de las gallinas. Lupicinio nos ayuda a veces con las tareas de los animales. ¡Yo ya sabía que por algo lo hacía! Estaba enamorado de la Teodosia. Ninguno de los dos merece estar vivo Padre. Yo los vi. Vi como la Teodosia se acercaba a él canturreando mientras le daba de comer a las gallinas. Sus mejillas sonrosadas y su andar dicharachero encendieron mis entrañas. Mientras Lupicino silbaba mirándola de arriba a abajo.  Sus ojos estaban llenos de lujuria y deseo. Y los maté. Me abalancé sobre ellos y los acuchillé hasta su último aliento.

Espero que Dios sea benevolente conmigo y perdone mis pecados. Amén."


Rezó un Padrenuestro y dos Aves Marías. Dióse por perdonado y fue en busca de Simona para ahogar sus penas.

Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien.

Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.



martes, 7 de febrero de 2017

NO TE OLVIDO PAPÁ.

Ya va a hacer 17 mese  que te fuiste papa...
Y por aquí todo sigue igual...
Echándote de menos...
Cada día un poco más...

Mamá va a la peluquería,
Y les dice que la tienen que peinar...
Y dejarla lo más bonita...
Porque una cena tiene con un galán...
Su querido y amado marido...
Y es que de ti...
No se puede olvidar...
Para que engañarte...
A ratos nada  más...

La vida sigue sin ti papá...
Pero ya nada es igual...
Todo me parece triste...
Y eso que aún está mamá...
El día que ella se vaya...
No sé como lo voy a encajar...

Mamá a ratos ya no distingue la realidad...
Pero eso ya sabíamos que iba a pasar...
Quedó aquí una dura tarea...
Que su factura me va a pasar...
Si estas en alguna parte...
Haz una señal...
No paro de decírtelo...
Pero sigo pensando que tú no estas...
Esto se acabó y nada más…
Ni cielo ni infierno…
Ni nada que esperar…
Un vacio infinito…
Que nadie lo puede llenar….

Te extraño en el día del padre.

domingo, 18 de diciembre de 2016

FELĪZ ANIVERSARIO


Llevaba días ansiosa con los preparativos y es que no era para menos. Tenía que organizarlo todo y tenía que ser perfecto. Hacían 50 años de casados, toda su vida juntos, con sus cosas buenas y no tan buenas, pero ella amaba a su marido. Su matrimonio había sido como el de todos, con sus más y sus menos, él era un hombre trabajador, bueno y cariñoso con ella. Habían sufrido mucho juntos, la vida no es tan perfecta como cuándo eres joven. Todo te parece sencillo y posible superarlo, pero la edad te va enseñando que las cosas no son como se ven en la juventud, con fuerza y arrojo, a ciertas edades, no se puede superar todo. Su marido se había quedado sin trabajo ya cumplidos los 50 años y fue un bache muy difícil de superar. No encontraba trabajo por ninguna parte por más que buscaba y a la impotencia le sumas la rabia y fue un bombazo para ellos. Ella se había puesto a trabajar limpiando portales y cuidando ancianos o niños. Lo que saliera. Porque ella nunca había trabajado fuera de su casa. El pobre Manolo buscaba y buscaba pero en todas partes le decían que era un viejo para trabajar, y eso lo fue mermando y agriando el carácter. Ella se veía capacitada para poder seguir con sus trabajos y por lo menos podían seguir teniendo un plato de comida caliente en la mesa.

Hoy hacían 50 años de casados y quería que fuera un día feliz para los dos. Lo tenía todo preparado. Se había comprado un vestido largo, y aunque se había gastado todos los ahorros, a partir de ahora ya no les iban a hacer falta. Ni dinero, ni nervios, ni ansiedades ni ninguna otra cosa. Tenía todo pensado desde hacía mucho tiempo. No tenían familia, ni descendencia...nadie que se ocupara de ellos...o pasara a hacerles una visita en esas largas tardes. Estaban solos los dos. Solos con sus enfermedades. Y ella no podría cuidar mucho más de él. Manolo tenía alzhéimer desde hacía tres años. Pero últimamente estaba mucho peor. La miraba con ojos perdidos sin reconocerla. Y a ella le partía el alma. El amor de su vida no sabía quién era ella...la había olvidado. Y como eso...el resto de las cosas. Todo lo tenía que hacer ella. Lavarlo, arreglarlo, darle de comer...de beber...afeitarlo...él pobre de Manolo ya era incapáz de hacer nada. Y ella sufría por su enfermedad. Y solo podía estar a su lado y seguir amándolo. Pero ya tenían una edad en la que ella se veía casi incapaz de seguir peleando. Quería despedirse de la vida en el día de su aniversario. Sería un día feliz para los dos. Y se irían juntos.

Se arregló y se peinó como cuando era joven y esbelta. Ahora era una anciana encogida y abrumada por la vida. Pero estaba feliz. Manolo estaba radiante con su traje y su corbata, y la mesa del salón colocada con gran esmero. Encendió las velas del salón y ayudó a su marido a sentarse. Le colocó su babero y puso el tocadiscos con su música preferida. Su canción preferida. El reloj. Y comenzando la canción le entregó a su marido su vaso de agua con una mezcla de pastillas que había estudiado minuciosamente. Brindaron los dos con sus vasos de agua repletos de pastillas y sus miradas se encontraron. Había mucho amor y mucha ternura en ellas. Parecía que Manolo se estaba percatando de lo que ya había hecho y quería agradecérselo...Se sentó a su lado y comenzaron una suculenta cena con su música de fondo.

" Cada persona tiene su historia y cada uno sabe cuanto le pesa y le duelen sus heridas."